• columnistas
La br煤jula de la decencia
26.01.2011 | 11:55hs
Muchos individuos con valores morales afirmados en alg煤n momento de sus vidas sienten el llamamiento de esa vocaci贸n por servir, a veces por protagonizar, lo que tantos reclamamos y tan pocos logramos, el anhelado cambio en positivo de nuestras sociedades.
Y es que todos aspiramos a una vida mejor, en armon铆a, con respeto, paz y progreso. Sin embargo la descripci贸n del presente siempre nos remite a la cr铆tica hacia quienes tienen la responsabilidad de conducir los destinos de la sociedad, o inclusive la reiterada b煤squeda de culpables que siempre forman parte de la premeditada conspiraci贸n de poderosos que vemos a nuestro alrededor.
A poco de andar, esos sujetos que conocemos, a los que hemos escuchado despotricar contra las ma帽as del poder, contra las malas pr谩cticas de los pol铆ticos, de los dirigentes, por su mediocridad, porque claudican, porque se alejan de la gente, empiezan inercialmente a recorrer id茅nticos caminos. Antes de lanzarse al ruedo, se llenan la boca con todo lo que debe hacerse y lo que debe ser dejado de lado, sin embargo esa br煤jula orientadora que tantos adeptos convoca es arrojada al vac铆o sin mas.
Y no se trata de inmorales cr贸nicos, ni delincuentes comunes, muy por el contrario, hablamos de gente honesta, que ha hecho de sus vidas cosas importantes, significativas, logrando triunfos personales y profesionales nada despreciables.
Es como si entraran por una manga que los transforma. Los mas capaces pronto se convierten en parte del sistema, los mas audaces se transfiguran en timoratos sostenedores del status quo, los mas inteligentes pronto se ahogan en un vaso de agua y los mas creativos se quedan r谩pidamente sin ideas. Termina funcionando como una trituradora que despoja de los valores m谩s profundos, los modifica y hace claudicar a tantos que so帽aron las cosas de un modo diferente.
El orgullo personal, la incapacidad para asumir que se han equivocado, les evita salirse, pedir disculpas, hacer lo correcto. Una supuesta perseverancia mas parecida a la necedad, los obliga a seguir ese sendero con la ilusi贸n de modificar la curva en el pr贸ximo codo, pero todos sabemos que eso tampoco suceder谩.
Al tiempo, nuestro heroico ciudadano, se parecer谩 mucho a los que criticaba, formar谩 parte indivisible de la misma corporaci贸n a la que dijo querer combatir, y se sumar谩 mansamente a los privilegios que propone la casta con los recursos de otros. La burocracia los absorbe, el sistema tiene anticuerpos para evitar sus intentos y se ocupar谩 de hacerle aprender los c贸digos para sobrevivir y no ser expulsado de modo inmediato.
Tal vez la cosa no era tan f谩cil como parec铆a desde afuera. Probablemente no se midieron bien las consecuencias, ni los precios a pagar para intentar cambiar las cosas, quiz谩s no se ten铆an todos los elementos para procurar el cambio. Lo cierto, es que tampoco qued贸 el coraje para salirse, la descuartizadora no solo modific贸 la esencia de esos ciudadanos sino que se ocupo de reclutarlos como un soldado mas para su causa.
Esta descripci贸n no intenta amedrentar a los que deseen iniciar ese camino, sino solo advertir lo que muchos ejemplos muestran a diario. Gente honesta, con principios, con valores y criterio pasan por este proceso sin contemplaciones, repitiendo experiencias del pasado una y otra vez.
Es probable que mucho de esto tenga que ver con un p茅simo dimensionamiento del asunto a enfrentar. Pero tambi茅n queda claro que hay que tener la humildad de salirse si no es lo so帽ado, o simplemente asumir la impotencia frente al coloso, o mas sensatamente, entender que no es ese el camino y animarse a hurgar por otros recorridos posibles, que no impliquen dejar la esencia en el camino, renunciar a los valores y entregar lo poco que nos queda de dignidad para la lucha.
La pol铆tica es necesaria, es la herramienta de cambio por excelencia. Se puede hacer bien o como ahora. Cada uno de nosotros elige a que barco se sube y como enfrenta los desaf铆os de la sociedad. No existe obligaci贸n alguna de jugar del mismo modo que los dem谩s. Ese es el mito que han creado los que est谩n adentro para derribar a los que intentan quitarle privilegios y sacarles poder. Ellos construyeron esa teor铆a, que sin demostraci贸n emp铆rica alguna, sostiene que hay que hacerlo a su manera o no hacerlo.
Los hombres que cambiaron el mundo en serio, los que lograron las grandes transformaciones no son los que hicieron lo mismo que los dem谩s, sino los que se animaron a indagar por otras variantes. Los innovadores, los pioneros, los audaces, los provocadores, los trasgresores, esos que en su tiempo fueron catalogados de locos, y d茅cadas despu茅s reconocidos sus m茅ritos.
Resulta dif铆cil entender como gente inteligente, id贸nea, decente, sigue insistiendo en suscribir la teor铆a de los poderosos, de los que ya fracasaron y gestionan desde siempre el tim贸n, y aceptar sin m谩s sus procaces invitaciones a ser parte del sistema.
Saltar el cerco puede valer la pena. Requiere de coraje, determinaci贸n y perseverancia. Nada que se sostenga sobre indebidas formas puede llevar por buen camino, y menos aun, a un resultado del que podamos enorgullecernos. Solo los inmorales pueden defender semejante desprop贸sito. Tal vez la cosa sea mucho m谩s simple, aunque no menos esforzada y compleja. Es probable que haya que dejarse orientar por la br煤jula de la decencia.