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Proyectar para entusiasmar
16.03.2011 | 19:02hs
Algunos pol铆ticos creen que gestionar, hacer obras, mostrar acci贸n es el fin 煤ltimo de la pol铆tica. Suponen que eso es lo que convoca a sus potenciales votantes. Ellos entienden que si hacen OBRAS tendr谩n muchos seguidores, que si son eficientes, las masas se movilizar谩n para apoyarlos en su pr贸ximo desaf铆o electoral. Creen en eso, y act煤an en consecuencia. Se esmeran en hacer, y hacer como que hacen.
Es probable que existan muchos ciudadanos capaces de premiar el esfuerzo, la honestidad, la tarea pol铆tica o una gesti贸n prolija y hasta la eficiencia, con mucho por mostrar. Pero las relaciones interpersonales, los v铆nculos entre seres humanos, no solo se alimentan de su historia, de su pasado, sino fundamentalmente de lo que pueda venir, de los sue帽os por construir.
Son las expectativas las que mandan y las que logran generar voluntad de sumar, o de restar. Un candidato, por eficiente que sea, por exitoso en sus logros que parezca, si no tiene un proyecto, una promesa, algo que movilice a sus electores a renovarle el cr茅dito ciudadano, naufragar谩 frente a cualquier otro prometedor, medianamente cre铆ble.
Y est谩 claro que esto no es lineal, en pol铆tica siempre las circunstancias pesan y mucho. Los proyectos a veces no son en positivo, sino que a veces son en negativo, por aquello de que la salida de un sistema puede hacer perder ciertos beneficios presentes, y en ese caso el candidato se consolida por la sensaci贸n de caos que supone su ausencia y no porque tenga en la mira un proyecto, un plan, un sue帽o.
Todas las relaciones entre humanos se apoyan en el pasado, pero sin duda alguna, se construyen claramente sobre las expectativas, pasa en la vida afectiva y social, con los hijos y las parejas, con los amigos, o hasta con los socios en un emprendimiento. La pol铆tica no es la excepci贸n a la regla.
Los seres humanos solo logramos entusiasmarnos por el proyecto que se viene, por la pr贸xima meta a alcanzar, inclusive hasta cuando visualizamos un enemigo com煤n, un adversario identificable a vencer. No alcanza para seguir, recordar el viejo campeonato ganado, mirar la vitrina de los trofeos, a帽orar los felices momentos vividos. Se necesitan nuevos sue帽os, renovar esperanzas, perseguir ilusiones.
Y no cualquier proyecto, sino uno posible, real, que se sienta interesante, convocante y al mismo tiempo que valga la pena luchar por 茅l, sumarse a esa posibilidad, ser parte de ese desaf铆o.
Ni siquiera es demasiado relevante el “como” lograrlo. Con el “que”, puede resultar m谩s que suficiente, puede alcanzar, siempre que la percepci贸n de la comunidad sea que es probable lograrlo, que est谩n dadas las condiciones generales para intentarlo siquiera.
Los m谩s eficientes, los buenos gestores, seguir谩n descreyendo de esta afirmaci贸n. Ellos sostendr谩n que la gente sigue a los mejores, a los m谩s h谩biles de lograr resultados. Abundan ejemplos del agotamiento de esos modelos, de c贸mo la sociedad gira, pese a los buenos desempe帽os, cuando el que administra no es capaz de reinventarse, de crear desde cero, de no creer que aprobar el examen anterior sirve para el siguiente.
Otros siguen sosteniendo que se trata de tener carisma, alg煤n talento comunicacional, muchos recursos econ贸micos que soporten una estrategia. Todo eso ayuda, suma sin dudas, imposible negarlo, pero no alcanza, al menos no por mucho tiempo. Sobran ejemplos contempor谩neos de que estas perimidas visiones ya est谩n para el archivo. Solo basta con hacer un repaso visual de los l铆deres de este tiempo para confirmarlo.
Esta sociedad moderna, la de nuestro tiempo, se ha tornado m谩s exigente y muchos no perciben este sensacional cambio de paradigmas. Ya no resulta suficiente hacer lo de siempre, recorrer los caminos cl谩sicos, seguir las viejas tradiciones o intentar formulas del pasado.
Algunas recetas aun tienen alg煤n valor relativo, pero no pueden ser ingrediente principal de la nueva forma de hacer las cosas. El que lo comprenda acabadamente, podr谩 seguir en carrera, el que se aferre a esos modelos sin percibir los cambios en la sociedad, estar谩 condenado a quedarse en el camino y ser谩 derrotado por cualquiera con algo de instinto.
La gente demanda soluciones, pero ellas llegan cuando previamente la sociedad se apropia del desaf铆o de alinearse detr谩s de esa chance. Aquel pol铆tico, ese dirigente, la agrupaci贸n partidaria capaz de entender esa din谩mica actual e interpretar inteligentemente la necesidad de entusiasmarse de la ciudadan铆a de este siglo, ser谩 protagonista del futuro.
Para ello, resulta necesario, dejar de improvisar, profesionalizar la actividad pol铆tica, levantar la punter铆a, tener m谩s vuelo, rodearse de los mejores, apelar a la creatividad, hacer un esfuerzo enorme en comprometerse con una idea. Los tibios, los timoratos, los que circulen por la pol铆tica sin transgredir al menos en ciertos aspectos, no tendr谩n oportunidad de quedarse con el liderazgo que la sociedad reclama.
Casi cualquiera puede ganar una elecci贸n. Miles de factores pueden ser funcionales a un triunfo circunstancial. Pero solo unos pocos construyen poder real, sostenible y fundamentalmente 煤til para una comunidad.
Los que sigan creyendo en valores del pasado, esos que hablan de buenas gestiones, de logros, de obras, de la fidelidad por lo hecho, de la marca registrada que se obtuvo por los buenos tiempos, habr谩n perdido el tren de la din谩mica actual. Todo eso sirve, suma, pero sigue sin alcanzar.
Esta sociedad quiere otra cosa. La honestidad, la eficiencia, la capacidad pasaron a ser requisito, pero no una garant铆a. Y si no creemos en esta conclusi贸n, tal vez debamos preguntarnos que nos moviliza a diario, en lo afectivo, en lo personal, en lo profesional, en lo pol铆tico. Aquellos que sostengan que siguen en el mismo barco solo por la historia transcurrida podr谩n refutar esta idea. Los que entienden que la vida tiene sentido cuando hay desaf铆os por delante, tal vez comulguen con esta visi贸n de que resulta imprescindible proyectar para entusiasmar.