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GONZALEZ CABA脩AS
Acerca de la Violencia contra la mujer
05.04.2011 | 22:23hs
En este extracto de la cuarta n贸vela (“Charlas con mi analista”) del escritor Francisco Tom谩s Gonz谩lez Caba帽as, se analiza el demonios internos que, en caso de no ser trabajados psicol贸gicamente, pueden desembocar en la tragedia de la violencia contra la mujer.
“…Terminaba de ver una pel铆cula de alquiler. Se trataba de una producci贸n espa帽ola. El protagonista era un hombre com煤n, que ten铆a algunos problemas dom茅sticos con su mujer. La trama de la pel铆cula versaba acerca de las reacciones de violencia, con las que imprim铆a un terrible drama, producto de unos celos irracionales, el sujeto en cuesti贸n, que denotaba una autoestima paup茅rrima, fundada en un c煤mulo de inseguridades. Descontando por cierto, que lo que dec铆a amar, justificando con ello su violencia, en realidad, se presentaba como un terrible y perverso deseo de posesi贸n.
En ciertos pasajes del film, me ve铆a reflejo en este animal primitivo, que hab铆a llegado a internar, por sendas palizas a su f茅mina. No precisamente por la consecuci贸n de los golpes hacia un ser amado. M谩s que nada por los primeros mecanismos que se activaban en este hombre con conductas patol贸gicas. Todo se iniciaba por celos incomprensibles, ante situaciones comunes, que se originaban, por el poco valor que se ten铆a el protagonista a s铆 mismo. 脡l, al no reconocer esto, trasladaba la responsabilidad a su mujer, entonces, est谩 se convert铆a en una seductora enfermiza que pose铆a la finalidad de hacerlo infiel.
Dominado por la c贸lera, reaccionaba con ira animal, destrozando a golpes a la receptora de su amor. Necesitaba tener el control absoluto de la vida de su amada, todo lo que le impidiera este rid铆culo e imposible objetivo, le disparaba este dispositivo alocado, que culminaba en tragedia. Que cosa, expres茅, con una mezcla de asombro y perplejidad. Intentaba esconder en realidad, lo sugestivo de haberme sentido reflejado en los celos del protagonista de la pel铆cula. Fui a dormir, convencido que podr铆a ser un tema interesante para tratarlo en la sesi贸n, que me aguardaba al d铆a siguiente.
Pocas veces lo hac铆a, pero de tanto en tanto, para escapar a la monoton铆a, de la cu谩l yo era art铆fice, viajaba en colectivo. En verdad, demostraba una especie de conducta masoquista, dado que me alegraba pagar tan poco por un viaje, y a su vez me enfermaba, el tener que subir a un micro atestado de gente y por ende poblado de olores extra帽os. Apretujado y api帽ado, pensaba en el trayecto del viaje, que tal accionar se constitu铆a en un t铆pico paisaje de las vivencias de la m谩s pura clase media. Logr茅 bajar en la parada que me acercaba al caf茅, en donde repasar铆a las noticias, transmitidas por los matutinos.
Tras el formal buen d铆a de costumbre, tom茅 lugar en el div谩n. Justo antes de que finalizaran los segundos de rigor que los dedicaba al silencio, son贸 el tel茅fono. Prolongu茅 el mutismo, tratando de no dar importancia al inoportuno llamado.
Anoche alquil茅 una pel铆cula. Se trataba de un hombre golpeador que azotaba a su mujer. Lo que m谩s me llam贸 la atenci贸n, fue como se describ铆a, el proceso que llevaba al protagonista a desembocar en tan terrible locura. Todo se iniciaba en los celos, que sent铆a hacia su mujer, que en realidad, proven铆an de las inseguridades de 茅l mismo. Entonces el tipo la llamaba por tel茅fono, y s铆 ella no contestaba, 茅l ya pensaba que estaba con otro hombre. A partir de ese disparador se iniciaba toda la locura que finalizaba en las acciones concretas de golpes y dem谩s. Yo bajo esa acci贸n, por ejemplo de no ubicar a la persona amada, me sent铆 un tanto identificado. A veces me pasa, que cuando tengo deseos de hablar con Viviana y no la puedo encontrar, me enceguezco un poco, y hasta que no me atiende no dejo de llamarla. No es que piense que esta con otro o algo por estilo, m谩s bien pienso que algo malo le paso o que esta en una situaci贸n dif铆cil. Me enfurezco en realidad por no tener un control, que si bien es absurdo el intentar tenerlo, me vienen ganas, rid铆culas pero ganas al fin, de hacerme de ese control, y saber que esta haciendo y que le esta pasando, cuando a m铆 me surge ese deseo, un tanto posesivo, ¿no?.
F铆jate como no es casualidad, que hayas mencionado el ejemplo del tel茅fono. Cuando vos entraste, son贸 el tel茅fono antes que comenz谩ramos la sesi贸n. Te pudiste haber sentido afectado, porque el llamado te sacaba algo tuyo. Pero si bien, es tu tiempo, tampoco es una propiedad, es decir, no es una cosa material. Es una interrelaci贸n, donde muchas veces surgen los imponderables, los imprevistos. Los actores somos sujetos, no objetos, y el control se puede establecer con las cosas, no con las personas. Habr铆a que ver, porque, se da en vos, esa ausencia de seguridad, esa desconfianza, que luego te despiertan celos. Es un poco lo que le pasaba a Otelo, en la obra de Shakespeare, que era negro, se sent铆a feo y estaba preso de unos celos enfermizos, por sus propios temores.
S铆, esa sensaci贸n de disminuido o apocado, la comenc茅 a sentir desde mi infancia. Yo le coment茅, el tema este de mi hombro izquierdo, que por un mal cong茅nito es levemente superior al hombro derecho.
Esta deformaci贸n, en t茅rminos m茅dicos es malformaci贸n, me avergonz贸 desde ni帽o. No quer铆a usar ropa ajustada, para que no se notara, e ingresar a una pileta p煤blica, era todo un problema. Ya en la adolescencia, a esta cuesti贸n se le sumo el s铆ndrome popular del patito feo. Yo me ve铆a horrible, poco agradable, con cachetes inflados y redondos, muy poco atractivo para las chicas. Si bien intentaba, tomar contacto con el sexo opuesto, a trav茅s de lo dial茅ctico, me cost贸 bastante el aceptar la realidad de no haber sido agraciado, y superarlo mediante la inteligencia. M谩s cerca en el tiempo, al lograr establecer relaciones m谩s serias con las f茅minas, me rondaba en la cabeza la idea negativa de ser v铆ctima de la infidelidad. Obviamente, por toda la situaci贸n familiar en donde se respiraba todo ese clima de cuernos y dem谩s, s茅 ve que arrastr茅 y que arrastro, una suerte de estigma en referencia a la infidelidad. Creo que tambi茅n puede tener que ver, la falta de confianza en m铆 mismo, que muchas veces me afecta en todos los 谩mbitos de la vida. Es dif铆cil aceptar que no existe certeza alguna de absolutamente nada, es una trampa de la raz贸n, que precisamente nos faculta, por intermedio de inducciones, deducciones y dem谩s procedimientos l贸gicos a buscar permanentemente algo que no existe.
Claro, lo interesante es que por el camino de la raz贸n o el pensamiento, como vos mencionas, no podr铆amos avanzar como para trabajar sobre las sensaciones que provienen de tus temores o inseguridades. Desde lo que comentas de tu infancia, podemos ver como el ni帽o es considerado un ser inferior, no un sujeto. Esta l贸gica primitiva, que de alguna manera, est谩 dentro tuyo, sigue repercutiendo en vos. Es bastante fuerte, este aspecto, en donde pese a tu desarrollo completo, prima la consideraci贸n de inferiores o superiores. Que plantea las cosas desde lo objetivo. Es decir, uno es en cuanto a lo que tiene, que incluye lo afectivo, como si fuera algo material, una posesi贸n. Cuando en realidad, uno es por lo que siente, piensa, cree y las relaciones que se establecen a partir de esto, son relaciones en donde interact煤an los otros en cuanto a sujetos. El joven Werther, en la obra de Goethe, ¿la le铆ste?, Bueno, muere porque intenta objetivar el amor, al no conseguirlo, termina como termina.
S铆, s铆. Se me viene a la mente una frase de un escritor Austriaco, Musil, que dec铆a que un fil贸sofo es un militar que intenta encerrar al mundo en un sistema. Creo que es una definici贸n exacta, de lo que uno siente, cuando piensa en una generalidad o abstracci贸n e intenta escribir algo sobre ello.
El problema vendr铆a a aparecer, cuando, uno cae en la tentaci贸n de llevarlo a lo personal, a lo 铆ntimo. Es como s铆 me sintiera seguro, tranquilo y con paz, en el momento de escribir. Entonces como esto resulta y me genera placer, confusamente, y condicionado por los problemas del pasado, intento llevar ese mecanismo a mis cuestiones individuales, que no tiene nada que ver con mi actividad de escritor. En realidad, es el camino contrario. O sea, en la ficci贸n de lo escrito, yo como narrador, puedo ejercer ese control absoluto de los hechos, de las vivencias y dem谩s. Pero es absurdo, intentar trasladar, un m铆nimo de eso, a mi vida personal. Donde no hay ficciones que valgan, es la realidad m谩s contundente. Sin que exista un personaje omnisciente, del que todo o una parte dependa de su voluntad. Eventualidad y contingencia, que invitan a la interacci贸n, de acuerdo a los elementos con los que se cuenta, sin que sean muchos o pocos, simplemente son.
Vos trajiste, al comienzo, esta pel铆cula, donde te pod铆as reflejar en determinadas conductas del protagonista, pero es importante, porque la pel铆cula es una ficci贸n. Entonces ya aparece en vos, el comentario 煤ltimo acerca de que tomar y que no tomar de las ficciones, a los fines de ver lo que nos favorece en nuestra vida diaria.