18/02/2026

Día Mundial de los Humedales: los Esteros del Iberá, un patrimonio vital de Corrientes en riesgo

Cada 2 de febrero se conmemora el Día Mundial de los Humedales, una fecha que pone en agenda la importancia estratégica de estos ecosistemas esenciales para la vida. En Corrientes, los Esteros del Iberá se destacan como uno de los sistemas de humedales más grandes y biodiversos del planeta. Especialistas advierten sobre su acelerada degradación y subrayan la urgencia de fortalecer políticas de conservación y protección ambiental.



Los humedales son uno de los ecosistemas más valiosos y, al mismo tiempo, más amenazados del planeta. Funcionan como reguladores naturales del ambiente: almacenan y purifican el agua, mitigan inundaciones y sequías, capturan carbono y sostienen una biodiversidad única. Su conservación no es solo una cuestión ambiental, sino una necesidad vital para el equilibrio ecológico y el bienestar humano.

Cada 2 de febrero se conmemora el Día Mundial de los Humedales, en recuerdo de la firma de la Convención Ramsar en 1971. En este marco, organismos científicos y ambientales renuevan el llamado de atención sobre la acelerada degradación de estos ecosistemas y la urgencia de implementar políticas de protección efectivas. Este año, la Organización de las Naciones Unidas impulsa la jornada bajo el lema “Los humedales y los conocimientos tradicionales: celebrar el patrimonio cultural”, destacando el rol de los saberes comunitarios en su conservación.

Los humedales abarcan una enorme diversidad de ambientes donde el agua es el factor determinante: ríos, lagos, lagunas, acuíferos, estuarios, deltas, marismas, manglares, turberas y arrecifes de coral, así como también espacios creados por el ser humano, como arrozales, embalses y estanques. Estos territorios albergan cerca del 40 % de todas las especies de plantas y animales del planeta, a pesar de cubrir apenas el 6 % de la superficie terrestre.

En Argentina, los Esteros del Iberá representan uno de los patrimonios naturales más importantes del mundo. Con más de un millón de hectáreas, conforman el segundo sistema de humedales más grande del planeta y un verdadero refugio de biodiversidad. Allí habitan especies emblemáticas y amenazadas como el yaguareté, el ciervo de los pantanos y el aguará guazú, además de cientos de aves, reptiles, anfibios y peces.

Sin embargo, los especialistas advierten que los humedales se encuentran entre los ecosistemas más degradados. Desde 1970, se ha perdido aproximadamente el 35 % de su superficie a nivel mundial, una tasa de desaparición tres veces superior a la de los bosques. Entre las principales causas se encuentran el drenaje y relleno para la agricultura y la urbanización, la contaminación, la sobreexplotación de recursos y la introducción de especies invasoras.

La degradación de los humedales implica consecuencias irreversibles: pérdida de biodiversidad, ruptura de procesos naturales esenciales y un impacto directo sobre las comunidades que dependen de estos ecosistemas para el acceso al agua, la regulación del clima y el sustento económico. Más de 1.000 millones de personas en el mundo dependen de los humedales como medio de vida.

“Conservar los Esteros del Iberá es conservar la vida”, señalan los expertos, al remarcar que estos ecosistemas tardaron miles de años en formarse y cumplen un rol irremplazable para el presente y el futuro. Como expresó el conservacionista Douglas Tompkins, “necesitamos darnos cuenta de que somos parte de la naturaleza y no algo separado de ella”.

En este contexto, el desafío central es cambiar la mirada social y política sobre los humedales, dejando de considerarlos terrenos improductivos y reconociéndolos como fuentes de vida, empleo y servicios ecosistémicos esenciales. Defenderlos no es una opción, sino una urgencia y un compromiso con las generaciones que vienen.