Cierre de Musimundo en Corrientes: 40 trabajadores quedaron sin empleo y no tienen novedades sobre sus indemnizaciones
Los empleados se presentaron este lunes en sus lugares de trabajo y encontraron las sucursales cerradas con candados. Horas después comenzaron a recibir los telegramas de despido, luego de haber sido notificados verbalmente durante el fin de semana. La principal preocupación ahora pasa por el pago de los salarios adeudados y las indemnizaciones.
La crisis de Musimundo golpeó de lleno a Corrientes y dejó a unos 40 trabajadores sin empleo tras el cierre de cuatro sucursales en la capital provincial. El conflicto sumó este lunes un nuevo capítulo cuando los empleados se presentaron en sus lugares de trabajo para cumplir con sus horarios habituales y encontraron las puertas cerradas con candados.
Las desvinculaciones habían sido comunicadas inicialmente de manera verbal durante el sábado. Recién horas después comenzaron a llegar los telegramas de despido a los domicilios de algunos trabajadores, mientras otros todavía aguardaban la notificación formal.
Ante la recomendación de sus abogados, varios empleados concurrieron igualmente a las sucursales para dejar constancia de que se presentaron a trabajar y que no pudieron ingresar. En algunos casos filmaron las puertas cerradas y aguardaron durante un tiempo antes de retirarse, como forma de acreditar que concurrieron a cumplir con su jornada laboral.
Uno de los trabajadores, José Luis, explicó que esa fue precisamente la indicación recibida de sus asesores legales. En la sucursal de la peatonal Junín, entre San Juan y Mendoza, se presentó como cualquier otro día laboral, pero encontró el comercio cerrado.
“Nos pidieron que viniéramos como un día normal. Si no nos abrían la puerta, teníamos que filmar, esperar media hora y volver a filmar para demostrar que nos presentamos a trabajar de buena fe”, relató.
“Nos hicieron trabajar hasta el último minuto”
La situación comenzó a precipitarse durante el sábado. Cerca de las 10.30, los trabajadores de la sucursal ubicada sobre avenida Cazadores Correntinos comenzaron a comunicar que habían sido despedidos. Con el transcurso de las horas se conoció el cierre de los demás establecimientos.
Sin embargo, en la sucursal de la peatonal Junín la jornada laboral continuó normalmente hasta el cierre.
“Nos hicieron trabajar hasta el último minuto. Durante toda la tarde veníamos preguntando qué iba a pasar, pero nos hicieron esperar hasta el cierre. Recién ahí nos dijeron que estábamos todos despedidos”, contó José Luis.
Otro trabajador, César Musachi, relató que el sábado la actividad se desarrolló con normalidad hasta que el gerente solicitó cerrar la sucursal unos 15 minutos antes del horario habitual.
“Estuvimos trabajando normalmente el sábado, el gerente pidió que cerremos la sucursal 15 minutos antes del horario y nos informó que la empresa Carsa cerraba”, explicó.
Según Musachi, la comunicación fue exclusivamente verbal. “No vimos ningún papel, por eso nos convocamos como cualquier día laboral”, señaló, al explicar por qué los trabajadores se presentaron nuevamente este lunes frente al local.
Trabajadores con décadas de antigüedad
La incertidumbre adquiere una dimensión mayor para quienes llevan muchos años dentro de la empresa. Musachi contó que trabaja en Musimundo desde hace 22 años y sostuvo que el cierre afecta directamente a numerosas familias.
“Son 22 años que yo trabajo acá, es muy triste porque la realidad de 36 familias ahora es esta. Hoy nos tocó a nosotros, esta es la Argentina de hoy”, expresó.
Los trabajadores señalaron que muchos de los empleados tienen más de 35 años y acumulan entre 20 años de antigüedad o períodos cercanos, por lo que la pérdida del empleo genera una preocupación especial frente a las dificultades para reinsertarse laboralmente.
En la sucursal de Junín, uno de los testimonios difundidos señaló que eran 36 los trabajadores vinculados al establecimiento que aguardaban los telegramas, mientras que otro relevamiento situó en 13 la cantidad de empleados de ese local. En el conjunto de las cuatro sucursales cerradas en la capital correntina, la cifra estimada alcanza a unos 40 trabajadores afectados.
La principal preocupación: salarios e indemnizaciones
Más allá de la notificación de los despidos, el principal interrogante para los empleados es ahora cuándo y cómo cobrarán los salarios pendientes y las indemnizaciones correspondientes.
“Trabajamos todo el mes y no sabemos si nos van a pagar. Nadie quiere trabajar un mes gratis. Por lo menos tienen que pagarnos el sueldo y después arreglar la indemnización”, manifestó José Luis.
La situación genera mayor incertidumbre debido al proceso de concurso preventivo de acreedores que atraviesa Carsa, la empresa chaqueña vinculada a la operación de Musimundo.
Los trabajadores recuerdan además que otros locales habían cerrado anteriormente. Según el relato de José Luis, en esos casos los empleados recibieron el salario y el aguinaldo, pero todavía existirían demoras en el pago de las indemnizaciones acordadas.
Una crisis que se venía advirtiendo
Los empleados aseguran que las señales de deterioro comenzaron mucho antes del cierre definitivo.
Una de las principales advertencias fue la falta de mercadería. Según José Luis, durante aproximadamente tres meses los locales dejaron de recibir productos y el stock comenzó a reducirse progresivamente.
“Hace tres meses que no recibíamos productos. Cada vez teníamos menos y ya era algo raro, porque levantar un local así parecía prácticamente imposible”, relató.
También recordó que desde agosto de 2025 los salarios comenzaron a pagarse de manera fraccionada. Primero se depositaba aproximadamente el 60% y posteriormente se completaba el porcentaje restante.
“Nos decían que lo hacían para poder sostener la cadena de compra de mercadería, pero nunca lo informaron oficialmente por los canales internos de la empresa. Desde ahí empezó a ser todo raro”, sostuvo.
Musachi coincidió en que los problemas venían de tiempo atrás y afirmó que “hace más de un año veníamos cobrando en cuotas”, situación que consideró anormal para el funcionamiento habitual del comercio.
La promesa de una venta que nunca se concretó
Otro elemento que aparece en los testimonios de los trabajadores es la expectativa generada por una eventual venta de la empresa.
Según José Luis, durante los meses previos se les había informado que Musimundo sería adquirida por otra compañía y que los trabajadores conservarían sus puestos y la antigüedad.
“Siempre nos dijeron que la empresa se vendía a otro dueño y que nosotros íbamos a conservar nuestro trabajo. Por eso nos quedamos tranquilos”, relató.
Musachi también aseguró que les habían deslizado la posibilidad de que otra empresa se hiciera cargo, aunque hasta el momento no recibieron precisiones sobre esa alternativa.
Caída del consumo, competencia y problemas financieros
Los trabajadores también señalaron como factores de la crisis la caída de las ventas, los cambios en los hábitos de consumo y el crecimiento de las plataformas de comercio electrónico.
“Desde que la empresa cayó en convocatoria de acreedores no había un movimiento en las ventas, no podíamos operar con algunas tarjetas de crédito, se cobraba con efectivo la mayoría”, explicó Musachi.
El trabajador consideró además que la transformación del mercado tuvo incidencia en la situación de la cadena. “La forma de consumo cambió, la gente compra online y hay mucha competencia de plataformas chinas”, sostuvo.
La crisis financiera de Carsa terminó profundizando el escenario y derivó en el cierre de locales en distintos puntos del Nordeste. Además de las cuatro sucursales de Corrientes, la medida alcanzó establecimientos de Chaco, Misiones y Formosa.
Con las persianas bajas y los despidos en proceso de formalización, los trabajadores correntinos esperan ahora respuestas concretas sobre sus haberes y las indemnizaciones. Mientras tanto, un grupo analiza presentarse ante la Subsecretaría de Trabajo para plantear su situación y reclamar que la empresa cumpla con sus obligaciones laborales.
“Vamos a esperar recibir los telegramas y veremos qué hacemos, cómo seguimos”, resumió Musachi, mientras decenas de familias quedaron a la espera de una definición sobre su futuro laboral.